No, con mamá.
Y entonces, una personita nacida de mis entrañas empieza a hablar. Y después de veintidós meses de pecho en la intimidad, de noches abrazados y mucha piel, comienza a expresar lo que quiere, y lo que quiere es estar conmigo.
Si se hace daño, me llama.
Si tiene sueño y no logra dormirse, me llama.
Si quiere un juguete al que no alcanza, me llama.
Si no sabe dónde estoy, recorre la casa, abre todas las puertas y me llama.
Y cuando le digo que va a dormir la siesta con papá y me dice "no, con mamá", de repente me doy cuenta. Ya no soy invisible. Para mi hijo, todos los complejos que me han acompañado siempre no existen, no los ve. Él no ve mis kilos ni ve mis inseguridades, no ve mis errores ni mis fracasos, ni nada de lo que alguna vez haya podido arrepentirme. Él solo ve a su madre, a quien le abraza y le besa, a quien le cuida, con quien juega. Él me ve a mí, A MÍ.
De una forma tan simple y hermosa mi hijo ha curado muchas heridas. Cada vez que pide hacer algo conmigo o me reclama, me está demostrando lo mucho que significo para él aunque a él se le escape aún lo mucho que significa para mí. Él lo es todo y formo parte de su pequeña y maravillosa vida.
Todas y cada una de las veces que me abraza siento que, por fin, estoy donde debo estar y soy visible para quien debo serlo.
Gracias Noel.

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