No, con mamá.
La mayor parte de mi vida me la he pasado sintiéndome invisible. He sido la graciosilla de los corrillos en un intento desesperado de llamar la atención, de dejar de sentir que no encajaba. Supongo que nunca he sido popular ni tampoco he pretendido serlo. Pero siempre he sufrido al pensar que, quizá, yo no era digna de amor, o amistad o respeto; simplemente me costaba sentirme incluida o tenida en cuenta. En fin, podríamos resumirlo en que los niños son muy crueles y en que el sobrepeso y la maldad infantil dejan taras en el alma, pero es una historia larga y mejor nos detenemos en ella otro día. El caso es que, incluso en los momentos más felices de mi vida, no he podido deshacerme del todo de ese sentimiento de no pertenencia y de soledad. Es como si hablara pero no se me escuchara, como si intentara aportar y no se me tuviera en cuenta. No siempre ha sido así, claro está, pero con mi vista un poco viciada por las malas experiencias, así he seguido sintiéndome. Y entonces, una person...