¡Hola a todas y bienvenidas!
Este primer post quiero plantearlo como una presentación y también como una declaración de intenciones así que, allá vamos.
Me llamo Laura, tengo 36 años y soy mamá de un precioso niño de dos (28 meses). Soy periodista y Community Manager o lo era hasta que, tras un embarazo complicado que precisó de reposo absoluto y al que se sumó después la baja por maternidad, me vi apartada de mi puesto de trabajo, relegada, marginada y, finalmente, en el paro. Fue humillante, muy duro, y un mazazo a mi autoestima en el peor momento posible. Tenía un bebé de meses y un agotamiento físico y mental importante. Esto da para otro post y prometo que volveremos sobre este tema y os lo contaré todo.

Así pues, me quedé sin trabajo. Luego llegó la pandemia y, ¿qué os voy a contar? Durante mucho tiempo no he logrado ni tan siquiera tener la oportunidad de enfrentarme a una entrevista de trabajo y, ahora que por fin me llaman y me hacen alguna, me preguntan cosas tan peculiares como si voy a ser capaz de organizarme para no faltar a trabajar con un niño tan pequeño o si tengo con quien dejarlo en caso de que cierren colegios y guarderías por el coronavirus. Estoy pensando seriamente en añadir un apartado en mi currículum en el que especifique el número de hijos, sus edades, otras cargas familiares y la organización de cuidados y escuela para que no me pregunten más si soy capaz de hacer mi trabajo con seriedad siendo madre. ¡Hay que joderse!
Y así estoy: soy madre 24 horas, ya no tengo prestación por desempleo y resulta que un currículum de más de quince años de experiencia y aprendizaje, además de idiomas, no sirve de mucho porque tengo un peque. Me pregunto si esas cuestiones tan personales se las plantean alguna vez a los hombres...
En fin, al grano. En este año y medio sin trabajar fuera de casa me he paseado de lo lindo por las redes y mientras yo me autocompadecía deambulando por la casa en pijama, con el moño despeinado y ojeras de campeonato, veía a otras mamás lucir glamurosas desde primerísima hora de la mañana. Algunas con auténticos ejércitos a su cuidado. Me he comparado con ellas mil y una veces: ¿debería arreglarme más a menudo? ¿qué cocino hoy si me he quedado sin ideas? ¿cómo tienen los demás la casa tan recogida con cinco niños y yo la tengo patas arriba con uno? ¿de dónde sacan tiempo para tantos proyectos personales y profesionales? ¿me organizo yo tan mal? ¿soy un desastre?
Lo he intentado. Me he esforzado. Pero he llegado a la conclusión de que soy una buena madre, una mamá normal que juega y se ríe, que se tira al suelo y se mancha, que se hace una coleta rápido y mal para pelar patatas... Como hacemos todas las que no vivimos de las redes, las que no necesitamos postureo ni fotografías perfectas que nos muestran vidas que no son en un 100% lo publicado.
Supongo que he echado de menos verme reflejada en alguna otra mamá en estos meses de confinamiento y de aislamiento social, pero todo es demasiado impostado para mi gusto.
Así que he creado una cuenta en Instagram y este blog para hablar de maternidad real, sin filtros. Y me encantaría que te unieras a las conversaciones que tengamos por aquí y por allí, que creáramos juntas una comunidad de mamás que se entienden y se apoyan, que muestran su realidad y se sienten orgullosas de su caos.
Yo lo estoy del mío y no voy a dudar en enseñarlo.
De nuevo, ¡bienvenidas a esta vuestra casa!
Laura.
Nota: La de la fotografía soy yo con mi hijo, Noel, recién nacido. No quería mamar, no había forma. Necesité pedir biberones a enfermería porque no lograba que se enganchara y no dejaba de llorar. La lactancia no fue un camino de rosas pero lo transitamos juntos. Merece otro post para hablar de ello así que, ¡me lo apunto!
Comentarios
Publicar un comentario